“¿Que me contradigo? Sí, me contradigo. Y ¿qué? (Soy tan vasto, contengo multitudes)”. – Walt Whitman. Cuando me descubrí saltando entre pestañas del buscador, persiguiendo entre portales una camisa negra tipo wéstern que se me ocurrió me quedaría bien, supe que había algo raro. Tal vez sea, me dije, que no suelo usar camisas, eso debe ser lo primero. Que aun si encontrara la camisa que imagino, lo segundo, no tengo dinero ahora como para andar comprando ropa. Luego –y definitivamente–, concluyo que lo más raro debe ser el detalle, pequeño, de estar buscando ropa nueva cuando llevo cinco meses usando el mismo short, como si me hubiese comprometido con un outfit, y esperara con él el fin de la pandemia. “Todas las ideas de felicidad siempre acaban en una tienda”, leía en una entrevista que el diario El Mundo le hizo a Zygmunt Bauman hace unos años 1 : ésa es mi primera reacción. Y no le provoco a nadie ruborizarse con eso, ¿cierto?...